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Santurtzi, a 4 de septiembre de 2018.

Paz y bien a todos.

No hay modo de comenzar esta carta, sino de la manera que Alberto lo haría. Hoy por fin me dirijo a todos ustedes y me siento delante de la computadora que tantas y tantas veces Alberto tecleó, la computadora de su sobrina malgeniada, la que casi todo lo puede, tal y como me definía el, es decir, Nerea.

En primer lugar, enviarles en nombre de toda mi familia, mi mayor agradecimiento a todas y cada una de esas personas que han acompañado a mi tío en su última aventura. Ha sido emocionante, ver las fotos, los videos, escuchar esas palabras de personas anónimas que nos han trasmitido lo importante que ha sido Alberto en su querido Ecuador, y el trabajo tan importante que él ha realizado durante tantos años.

No me gustaría que ésta fuese una carta triste, ni una carta demasiado formal, porque estoy segura de que a él no le gustaría que lo fuera. Simplemente es una carta de recordatorio, y de agradecimiento infinito.

Contadles que los días de vacaciones por Euskadi con él fueron como siempre, cortos en cuanto a tiempo, pero días intensos como él hacia que fuesen. Visitamos a nuestra querida Amatxu de Begoña, visitamos Bilbao, hicimos compras… reímos, conversamos infinito e intentamos arreglar el mundo y mi piel… jejeje. Ya que él era mi médico particular, al único que hago caso, y al que siempre recurría para cualquier decisión médica o consejo para mi vida personal.

Por ello, me siento como si en cualquier momento fuese a recibir un email suyo, como si esa llamada que realizaba cada sábado a la tarde a mi casa se fuera a producir… Aún no asimilo lo que ha pasado, no me lo puedo creer. Me quedo con ese último email que le envié el 10 de agosto, con las fotos de la Virgen del Carmen, con ese último café de porquería que tomamos en el aeropuerto, con nuestra conversación, nuestro último abrazo y saludo de despedida (Al rato hablamos sobrina), pero sobre todo con ese abrazo, que él nos daba con tanta fuerza e intensidad que reconfortaba y llenaba de paz y de equilibrio.

Voy a echarte muchísimo de menos tío, porque nos ha quedado mucho por hacer juntos, muchas batallas en las que pelear codo con codo, muchas alegrías que compartir, y muchos cartas que comentar, pero no quiero entristecerme más, todo lo contrario. Intentaré seguir tus consejos, todos y cada uno de mis días, pensando que “si el problema tiene arreglo para qué preocuparse y si no lo tiene pues para qué preocuparse también”… que grande eras Alberto. Por eso el vacío que nos has dejado también es muy grande. Una última promesa te hago, iré a verte a Ecuador, aunque bueno, eso ya te lo había prometido, pero siempre estabas muy ocupado… y el cuadrar fechas nos resultaba complicado.

Mil gracias por todo tío Alberto, por tus años de aventuras y desventuras compartidos, sé que allí donde estés, estarás agradecido por todo los homenajes, cariño y admiración que te han demostrado, en Ecuador, en Pamplona… A mediados de septiembre aquí en Santurtzi, en tu aldea marinera te hemos preparado una misa solemne ante tu querida Virgen del Carmen, para que todas esas personas que aquí en tu patria vasca también te querían y te respetaban puedan despedirse, o podamos despedirnos de ti, porque te mereces eso y muchísimo más.

Un beso fuerte y un gran abrazo de parte de toda mi familia a las misioneras y misioneros que hacen el Vicariato Apostólico de Aguarico, a las Autoridades de la ciudad y de la Provincia, a las Autoridades civiles, militares y policiales y a la Iglesia y población de Orellana presente en su despedida. Gratitud infinita.

Te quiero mucho Alberto, chao chao, al rato nos vemos…..

Agur eta Gero arte.

Tu sobrina Nerea.


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Teléfono 593 (06) 2880501 (02) 2257689 •  info@vicariatoaguarico.org

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