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SOLEDAD ≠ SENTIRSE SOLO

Escribimos este breve texto desde la Fraternidad de la Curia en el Norte de Quito. En esta fraternidad, de momento, vivimos tres hermanos (el custodio, el ecónomo y un servidor que sirve como secretario).

Es una comunidad peculiar por las obligaciones inherentes a los servicios que prestamos, pues nos obliga a dedicarnos más a labores administrativas y de animación de la custodia que de tareas pastorales. Ello trae consigo que también nos tengamos que mover con frecuencia a visitar las fraternidades de todo Ecuador, así como las instituciones (colegios, dispensarios, parroquias…) que atendemos los capuchinos en todo el país.

El pasado día 16 de marzo, los Hnos. Dick (Custodio) y Leandro (Ecónomo) tuvieron que viajar a distintos lugares del país, por lo que la declaración del Estado de Alarma y toque de queda les sorprendió fuera de Quito. Esta situación hizo que la comunidad quedase durante 78 fragmentada, uno en cada lugar del país y yo sólo en el convento.

Y es aquí donde uno experimenta en toda su plenitud la riqueza de la vida fraterna, es en estas situaciones donde uno aprende en tu totalidad la diferencia entre estar sólo y sentirse sólo.

No puedo hablar por mis hermanos y cómo ellos lo vivieron, pero sí puedo hablar por mí y decirles que es una maravillosa experiencia poder pasar 78 días en total soledad, pero sintiéndome plenamente acompañado en todo momento. Acompañado por Dios que nunca nos abandona, acompañado por mis hermanos de fraternidad, acompañado por hermanos de otras fraternidades que al enterarse de mi situación llamaban por teléfono periódicamente para saber cómo estaba, acompañado por familiares y amigos, acompañado…

Estar sólo es algo físico que tarde o temprano se acaba asumiendo. Sentirse sólo es una emoción que mucha gente vive estando rodeada de gente. Puedo decir que Dios me ha regalo el don de una fraternidad, la Capuchina, que impide que me sienta sólo, aun viviendo en absoluta soledad.

Gracias a Dios los hermanos pudieron volver sanos y salvos a Quito y volvemos a estar juntos físicamente.

 

Paco Huertas, Capuchino.

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