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Trabajo de la misión capuchina III

Aunque se continúa visitando las comunidades con la misma regularidad,  la comuna del Edén tomó la decisión de apartarme de la discusión petrolera y cambió de fecha el día de la visita; desde entonces la relación con algunos comuneros más influyentes y más apegados a la empresa no era la misma. La situación de la comunidad con la empresa cambió en favor de una franca acogida y una gran dependencia laboral. Todos trabajaban y ganaban dinero, al punto que se abandonaron algunas rutinas y usos de trabajo comunitario: se descuidaron las siembras de yuca y otros productos, casi se paralizó la piladora de arroz y no se desempacó la piladora de café que recién se había recibido de un proyecto. Todo giraba en torno a la petrolera. Fue algo mágico. Se dejó de beber chicha en las reuniones, en vez se bebía vino chileno o colas. Por mi parte les pedía chicha y me la servían. Empecé a practicar por mi cuenta su sistema cultural de “lucha de resistencia” y me está yendo bien: son procesos largos, por lo que no hay que apurarse.

Los relacionadores comunitarios de las empresas y las autoridades civiles seccionales a los que se invita a reuniones de trabajo para ponerlos al tanto de las delicadas situaciones incorrectas de la compañía, se oponen a cualquier intento de reclamo y protesta, apoyan a las petroleras; hacen callar y amenazan en las asambleas comunitarias públicas cuando piden el cumplimiento de sus derechos legales de sueldos impagos, convenios no cumplidos o despidos intempestivos de trabajadores. Situaciones injustas frecuentes de sueldos no pagados por meses de trabajo, compras de conciencia de compañeros, favores a comuneros que hacen tareas de división entre los socios y presencia de militares en las sesiones. El 13 de Noviembre del 2015 en una protesta realizada por la comuna por estos motivos fueron amenazados por la alcaldesa, gobernadora y empresa con retaliaciones a los dirigentes, trabajadores, autoridades civiles de la parroquia y a supuestos socios estratégicos que los apoyaban. Todo esto enfría los ánimos y apaga las obligaciones civiles, que cambian la justicia del pueblo por una sumisión irracional, a la que se acogen con la “callada por respuesta” según las pautas de la lucha de resistencia. Todo esto hace imposible un buen gobierno y provoca un espíritu de rebeldía y repulsa. El pueblo naporruna pertenece a la cultura omagua de la armonía y desde la conquista española tiene la triste experiencia de que callando sobrevive. “Es mejor decir aquí corrió un cobarde que aquí murió un valiente” dice el refrán popular. La cultura guerrerista occidental saca pecho y dice “o vencer o morir”; la cultura vitalista naporuna, brindando un tazón de chicha, dice: “ni vencer ni morir, vivamos en armonía”. Se vive en un equilibrio delicado que puede romperse en cualquier momento. Normalmente la que pierde es la cultura, la  justicia, la equidad, la verdad y el bien común. Sin embargo se los tacha de saboteadores y terroristas con prisión de 2 a 4 años (código penal). Tener la confianza (no el miedo) de la comuna es crucial para impedir que las tensiones hagan estallar la bomba activada por tantos conflictos y se ahonden los complejos de falta de autoestima.

Tuvieron que reclamar una vez más sus derechos, no por motivos culturales sino por la plata y la injusticia. En un comunicado de la comuna del día 5 de Noviembre se decía: “la comuna kichwa del Edén, hoy a las  5 a. m. ha iniciado protestas pacíficas en reclamo del cumplimiento de convenios, haberes y derechos, a la empresa petrolera pública Petroamazonas y a sus empresas contratistas SEPEGA, EPP, CVA que trabajan en los bloques petroleros ubicados en la comunidad del Edén”. ..“Hasta el presente no ha habido respuestas de las empresas, aunque algunos se han acercado a conversar con amenazas”. “Adeudan a la comunidad más de $77.000 en sueldos y llevan 7 meses sin pagar a los trabajadores, además del incumplimiento de los convenios de compensación socio-económicas firmadas con Petroamazonas y con Occidental en el año 2012, aún no cumplidas en su totalidad. La comunidad quiere revisar los despidos y desvinculaciones masivas que se van dando de comuneros a pretexto de la crisis”. La plata, que los desvió del camino cultural ahora es el socio estratégico en este inicio de resistencia activa.

Los dirigentes necesitan tino para proteger a la gente crédula y timorata de la comunidad y explicarles convenientemente, viviendo entre mensajes de intimidación y amenazas de perder el trabajo y el sueldo ¿Cómo explicar a los socios que los terroristas y saboteadores no son ellos? Los terroristas y saboteadores, según el código penal, se parecen más a los doctores, sociólogos, relacionadores comunitarios, gobernadores y militares que protegen y defienden las injusticias de las compañías petroleras que a ellos, a quienes retienen y no les pagan los sueldos. ¿Cuándo uno de estos señores ha sido acusado de terrorista por atropellar a la comunidad y dejar impagos por meses a sus trabajadores? ¿Cuál de las compañías de servicios petroleros que operan con bienes y en nombre de la comunidad han sido enjuiciadas como delincuentes? ¿Aunque los estafan usando sus propios botes, camionetas y canoas, enriqueciéndose a su costa? 

Las comunas, aunque pueden hacerlo y se les dice que lo hagan, no se organizan empresarialmente. Encuentran tal número de obstáculos burocráticos, incertidumbres y demoras que les resulta menos complicado apoyarse en empresas de servicios petroleros que ya tienen legalizadas sus operaciones con la petrolera, cuentan con personería jurídica y tienen el servicio de rentas internas al día. ¡Asociación del tigre con la gallina! La compañía factura para sus contratistas y los contratistas, a su vez, trabajan con los botes, camionetas y trabajadores de la comunidad por precios y sueldos ridículos: si el convenio de la contratista con la petrolera es de $l8.000 por bote al mes, la contratista paga a la comunidad $8.000 por prestar el nombre. Además la comuna corre con los gastos de reparación en las mecánicas, compra de repuestos, nuevos motores y pago de los sueldos del motorista, puntero y enganchador. Ante esta estafa provocada por las estructuras de poder piramidal las comunas se encuentran impotentes, aplastadas y con las manos atadas. Todo se hace de buena fe. Temen denunciar, pues se mueven en un entorno de irregularidades y quieren ganar a lo fácil, aunque sea menos y quedarse sin trabajo.

En cualquier caso, sobre la comuna caen todos los problemas, por lo que intentan pasar de agache ante la sociedad. Se encuentran solos, pues La ley y las autoridades miran hacia la compañía. El laberinto en el que han caído pasa por la estafa, la impunidad y la imputabilidad, que planean sobre las comunas del río Napo como voraces bandadas de negros gallinazos, que se han multiplicado al amparo de las petroleras y los bufetes de abogados, atraídos por el dinero de las compensaciones cobradas del Estado por el uso de la tierra comunitaria por parte de las petroleras y los sueldos ahorrados de los trabajadores.

¿Se conseguirá salir airoso de esta situación que busca destruir el derecho a la resistencia, a la autonomía de los territorios ancestrales, a la legalidad y a la interculturalidad? A los dirigentes les queda lo más difícil: amortiguar el choque de la vida tradicional de la comuna con el mundo de la tecnología y economía occidentales por una parte, y convivir con la apisonadora de la petrolera que se ha consolidado en el Edén con tendencia a permanecer, pero que cada vez se la siente más pesada, acicateando la resistencia y la conciencia cultural de resistencia de la gente. Hay un peligro latente: Toda la desconfianza, duda y oposición de los primeros contactos con la petrolera por parte de los mayores se han convertido ahora, de parte de la juventud que ya probaron la “manzana prohibida” de la plata, en admiración, envidia, deseo y ambición hacia la empresa que les proporciona trabajo, dinero fácil, motos, teléfonos móviles, televisores, ropa de moda, alcohol… Todo en la comuna tiene alguna referencia al Coca, la ciudad de los Blancos. Paro ahora lo comprenden mejor. Aún no se ve el sol pero ¿Se están despejando las nubes?          

 Las visitas a las comunidades de parte del Vicariato responden a un programa pastoral y se hacen mensualmente de acuerdo con las comunidades en días y fechas fijas. De ordinario se hospeda en los mismos lugares y casas, aunque en mi caso lo hacía a conveniencia con las familias que me parecían más  oportunas, según la situación de la comunidad. Los gastos cuantiosos, sobre todo en personal, combustible, motores y canoas corren a cargo del Vicariato, lo mismo que el apoyo y asesoramiento en los proyectos que se desarrollaban a nivel zonal y que abarcaban varias comunidades. En la actualidad hay menos proyectos por las dificultades de financiamiento mundial y nacional.

Como se ha insinuado las relaciones con los comuneros cambian, como así tiene que ser y seguirán cambiando debido a factores conocidos: la educación, la organización, la inserción en el mundo de la política, el desarrollo económico y la variedad de criterios. Los misioneros hemos visto esto con buenos ojos. Se han apoyado procesos de toma de poder por parte de comuneros, de toma de territorios, de crítica y posicionamiento en la sociedad: educación, salud, religión, cargos civiles y políticos. Nuestra presencia ha sido bien recibida y respetada, aunque han variado los énfasis en nuestros programas pastorales. En estos últimos años la presencia en el campo religioso y sacramental se ha acentuado y disminuido el énfasis en lo socio-político. Lo más criticado debido, sobre todo, a la confusión que los relacionadores comunitarios de las petroleras e instituciones del Estado propalan sobre ciertas opiniones y actuaciones frontales nuestras, expresadas específicamente contra las malas prácticas petroleras de ciertos funcionarios, sobre el trato humillante a las comunidades, la irresponsabilidad ante los derrames y contaminación provocados por fallas humanas y técnicas, el ocultamiento, la falta y la falsa información en contra de lo que dice la constitución  sobre “la información previa…”y acciones contra los derechos humanos y colectivos de las comunidades de parte de instituciones o individuos.

 Presentarnos como enemigos del petróleo ante las comunidades es lo más común, aunque al mismo tiempo sea lo más absurdo y chabacano que se les puede ocurrir a ciertos relacionadores comunitarios. Nos señalan como enemigos de Correa y de las comunas, ya que por nuestra oposición a su  modo de proceder les dicen que se van a ir las petroleras,  se van a quedar sin trabajo,  sin plata y sin desarrollo. Para nosotros y para todo el que tiene un mínimo de sentido común el petróleo es un tesoro, una riqueza que Pachayaya (el Padre Creador) ha regalado a los ecuatorianos y a la humanidad y hay que usarlo. Otra cosa es el manejo abusivo, el uso irrespetuoso de la creación y el egoísmo del capital que por acumularlo, todo lo  destruye incluido el hombre.  Contra eso sí tenemos una posición que no gusta a ciertas personas de la farándula petrolera. ¡No soy monedita de oro para caer bien a todos!

Achakaspi

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8 de Junio del 2016

 

 


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