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Residencia estudiantil (internado)

Un día soleado de los que nos regala con cierta irregularidad el cambiante clima del río Napo nos llegó una petición original de la Unidad Educativa de Nuevo Rocafuerte que ensombreció el panorama azul del cielo. Una comisionada trajo la propuesta para la implementación de un internado en la Unidad Educativa del Milenio, pues nos consideraban expertos en la materia ya que hace muchos años la misión capuchina había regentado en la región del Napo algunos internados que, en buena hora se suprimieron y cambiaron por escuelas comunitarias bilingües regentadas por profesores nativos.

El Estado desde años atrás, había atendido a esas nacientes escuelitas, llevadas adelante en un primer momento, por entusiastas docentes locales y el apoyo incondicional de las comunidades, con una sólida infraestructura de edificios escolares bien equipada de pupitres, conseguidos por gestiones eficaces de la comisión de padres de familia aunque venidas a menos en los últimos tiempos cumplieron su función. Las mismas falencias de siempre en estos lejanos lugares están llevando a lo mismo: falta de atención institucional, ausencia de supervisores, carencia de todo tipo de medios de movilización.

En las flamantes Unidades del Milenio, a parte del hermoso edificio externo (elefante blanco), se repiten las mismas dificultades y carencias anteriores, pero ahora disimuladas por el estrépito de la fanfarria propagandística estatal y de las autoridades del distrito de educación que no cesan de ponderar la belleza del “carapacho” construido. Las Unidades Educativas del Milenio, siguen sin profesores de calidad y calidez (PH) o con profesores y personal impagos que se van hastiados de todo para nunca más regresar. El problema no era –por lo que concernía a las escuelas del río Napo anteriores- la falta de profesores sino la desatención oficial de la educación bilingüe y bicultural. Actualmente la Unidad Educativa se maneja con los mismos profesores “no-preparados” (que son los que permanecen) y la misma falta de una supervisión calificada in situ que brilla por su ausencia. Por años se careció de supervisión y se sigue careciendo de ella en la actualidad. Es notoria, por novedosa, la falta de entusiasmo y empoderamiento de los padres de familia que lo esperan todo del “papá estado” que les prometió lo imposible. Pero como dicen los optimistas “lo imposible lo haremos mañana”, un mañana que nunca llega, sino que cada día se aleja más.

A continuación repito mi opinión personal sobre el sistema de internados ya dicho en anteriores entregas que ahora lo copio para responder a la consulta que se nos hace de parte de la Unidad Educativa de Nuevo Rocafuerte. Culturalmente es mejor para el estudiante kichwa naporuna que no se implementen los internados, por ser un sistema ya superado y condenado desde los años 70; sobre todo a partir de la “Declaración de Barbados”.

“La reacción mundial ante la “Declaración de Barbados” fue la de tomar decisiones revolucionarias respecto a la cultura, lengua, territorios ancestrales, etc… de los pueblos indígenas con el compromiso de liquidar paulatinamente los internados, promocionar la educación bilingüe en sus comunidades y promover la creación de escuelas con profesores nativos.

Los internados con su carga política de educar al indígena para “integrarlo” al sistema fueron una mala experiencia cultural.

“Internado” puede ser una persona internada, como también puede ser el estado y régimen de personas que viven internas en establecimientos educativos. El internamiento es una medida de seguridad empleada por algunas instituciones y Estados respecto a personas y consiste en residenciarlos en lugares donde sus actividades se orientan a obtener ciertos objetivos específicos, permaneciendo vigilados y adoctrinados.

En los Internados del Milenio los alumnos viven pensionados por el Estado en establecimientos de enseñanza en régimen interno o residencia habitual más o menos fija o temporal. Internado, también, se llama al edificio donde viven los alumnos y a la institución del Colegio donde tiene el domicilio y se ejercen las funciones de docencia y dirección.

Estas prácticas han sido comunes en América del Sur desde los tiempos de las reducciones jesuíticas, pasando por las Reducciones indígenas evangélicas del ILV, hasta los Colegios y Ciudades del Milenio actuales perfilados por la Revolución Ciudadana.

Según la “Declaración de Barbados” “Lo bueno para los pueblos indígenas y para una relación ética equitativa con el Estado, sería evitar estos sistemas caducos, comprobados como destructores de las culturas y de formas de vida indígenas. Se deben suprimir las prácticas escolares que suponen la ruptura de la familia indígena por el internamiento de los niños y adolescentes, donde son imbuidos de valores opuestos a los suyos, convirtiéndolos en personas dependientes e incapaces de vivir en la sociedad nacional, así como en la propia comunidad nativa”.

“Evitar la educación que impone la introducción de una aparente modernidad que inhabilita al indígena para el desarrollo de una conciencia responsable. Suspender las prácticas de concentración de poblaciones indígenas con fines de “civilización”. Prácticas que se reflejan en el aumento de morbilidad, alcoholismo, prostitución y descomposición familiar y cultural de las comunidades indígenas”

“Corresponde a los antropólogos el denunciar, por todos los medios, los casos y prácticas conducentes al etnocidio”.

Una buena práctica sería la eliminación de los internados y sustituirlos por los servicios de transporte escolar y la institucionalización del “medio pensionista” o pensión alimentaria, por la que el alumno estudia y come en el Colegio durante el día, retirándose después a su casa, donde merienda y duerme. La pensión de alimentos sería la cantidad que, por acuerdo o disposición se asigna a una persona con fines de manutención y subsistencia.

Una de las cosas que no cuadra en los Colegios del Milenio es el régimen de internado. Institucionalizar algo ya superado y demostrado como nocivo, debido a los efectos sociales y culturales negativos y a la influencia directa en el exterminio cultural, lingüístico y formas de vida indígenas, sería regresar a siglos pasados de dependencia, esclavitud y etnocidio. Ante el peligro que anuncian las nubes tormentosas que se ciernen por el horizonte amazónico, merece la pena evitar esta grave posibilidad, por una urgente ayuda que refuerce su cultura lengua y emprendimiento.

Una propuesta sería la electrificación de las comunas del río Napo que, por derecho debía haberse ya cumplido desde hace tiempo atrás. Solo se cuenta con promesas, pero constituye una deuda del Estado con las comunidades indígenas por la participación en las utilidades petroleras del 12% que ahora se apropia y maneja el estado (Ecuador Estratégico).

Al alumno, a partir del 8vo. Curso, se le evitaría la internación en los Colegios si en sus casas contara con electricidad e internet de banda ancha para cumplir sus tareas escolares. El alumno necesita el contacto con su medio cultural, la vida comunitaria cotidiana, el medio ambiente de la selva, las formas de vida y ritos indígenas familiares y el hablar su lengua… para un desarrollo humano integral. El requisito académico de los deberes electrónicos por internet es superable, pero la extinción de la cultura, la lengua y la vida indígena, no.

Durante la supuesta Consulta Previa para la explotación petrolera del Yasuní-ITT realizada en meses anteriores en el Cantón Aguarico se constató que las comunas reclamaron y demandaron una y otra vez a las autoridades la satisfacción de sus necesidades básicas. Igualmente se pidió a las empresas y al Estado (SHE), que llegaron con similares ofrecimientos sin que nadie les hubiera pedido. Fue una falta garrafal de ética estatal: los ofrecimientos se dieron a cambio de un “si” para la explotación petrolera del PNY. y del ITT. Hay pocas demandas de necesidades básicas de parte de las comunidades indígenas, quizá porque nunca les han cumplido: agua, electricidad, salud y educación de calidad. Se han construido en la zona tres colegios del milenio con la calidad del mundo occidental, para que funcionen como laboratorios de nueva sociedad, pero en las poblaciones no hay luz, agua sana, internet de banda ancha y otras muchas necesidades de la ciudadanía de las sociedades actuales.

 El gran reparo para la erección de los colegios del milenio es el cultural y el choque cultural que va a provocar: reunir en colegios e internados a niños indígenas de diferentes comunas, sin tener en cuenta sus organizaciones y tradiciones familiares, sus formas de vida y fiestas comunitarias, sus territorios ancestrales… es como renovar el fracaso de las reducciones. Son intentos para agrupar a padres de familia y estudiantes dispersos y hacerlos vecinos y pensionistas con todos los “atractivos” y beneficios de la cultura occidental urbana. El objetivo es repetir la historia de ese fracaso de “integración” en la sociedad nacional, entendida como “civilización”: enseñarles para instruirles, educarles para regenerarles, desarrollarlos para cambiar sus “costumbres indias” y darles conocimientos para meterlos en la economía del sistema y en el turismo internacional foclorizando sus manifestaciones culturales genuinas de vida y sabiduría. Hay que hacer lo contrario, fortalecer su civilización.

En los internados se impone a todas las nacionalidades la lengua española como lengua nacional y como vehículo de transmisión de la cultura y civilización occidental y se promueve el olvido de las lenguas originarias. Dejar de hablarlas y perderlas totalmente parece ser el objetivo: Se llega así a un “kichwañol” lleno de infinitivos y gerundios. En los internados el espíritu libre de las culturas indígenas rebota o se enquista. El espíritu del indígena naporuna es autónomo, aborrece la lógica de la uniformidad, está acostumbrado a vivir en un medio ambiente común con todos los seres que conforman la ecología y dueño de amplios espacios de selva. Es difícil que de pronto se conviertan en felices compañeros, educados en red. Que la armonía entre ellos genere un equilibrio normado por medidas iguales que se cumplen día a día. Que la libertad consista en obedecer a un coordinador de corte militar; a que lo mío sea tuyo de la misma manera, y no de los nuestros… Faltaría la lógica cultural.

Las utopías del espíritu de la selva (armonía familiar) están unidas a un amplio territorio comunitario ancestral en el que organizan cultivos, jornadas de pesca, caza y recolección de frutos… que se opone a reglamentaciones formales de uniformidad, sedentarismo y sometimiento.

 

Achakaspi

1703999019

 

27 de Mayo del 2015


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