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TAGAERI-TEROMENANI

Una entrevista sobre la masacre Taromenani

 

¿Cuán pronto se enteró de la muerte de los Taromenani?

A la semana de los sucesos del 28 de Marzo, después de la muerte de los Taromenani a manos del grupo Waorani de Dikaron y Yarentaro, me (Achakaspi) pidieron una entrevista. Como mi residencia queda muy lejana me adelantaron unas preguntas para que las responda, pero nadie regresó a retirarlas y ahora las presento un poco arregladitas. Durante ese escaso espacio de tiempo los waorani de Kawimeno ya habían popularizado en Rocafuerte el sangriento suceso. Hay un relato, apenas regresaron de la cacería humana, que describe muy bien lo sucedido en la entrada, contamos también con el libro de Miguel Ángel Cabodevilla, “Una Tragedia Ocultada”.

¿No le parece llamativa esa información tan inconsciente de la noticia, por decir lo menos?

Los nervios de los que lo contaban estaban al rojo vivo. ¿A quién se le ocurre tomar fotos de sus propios asesinatos? ¿Registrar con la cámara a los compañeros como si fuera un piknick y fotografiar a algunas de las víctimas? Es una inconsciencia que nos llega desde otra dimensión, con destellos de otra galaxia. Luego de la masacre ¿ofrecer por las calles del Coca tan peligrosa evidencia ante la ciudadanía, la policía y la fiscalía, como un baratillo de algo exótico para el que, a buen precio la quiera comprar? Que pocos reaccionen y se asombren es otra secuencia de Replay. Inconsciencia, dinero e indiferencia unidos por ambos polos, nosotros y ellos. Es difícil interpretar estos comportamientos que indican, en unos y en otros, una desorientación total de la cultura, la convivencia, la ética, las leyes y procedimientos de la sociedad. No distinguir lo legal de lo ilegal, la impunidad de lo ético, el amor humano de la ferocidad animal nos reúne a todos en un mundo más allá de lo fantástico y de la cordura. ¿Participamos de una ilógica concepción con alguna posible dimensión cultural traída de otro contexto.

¿Cómo se explicaría tanto en unos como en otros?

Ante esta diafanidad de los woaorani que nunca negaron el hecho, que lo discutieron y decidieron en sus bohíos de Yarentaro desde sus obscuridades y convicciones ancestrales. Desde el grito animal de la selva. SÍ vemos actitudes incompatibles por incalificables e ilógicas, pero oficializadas por su ancestral cultura de la venganza, entendida como valor positivo para sosiego del espíritu tribal ultrajado y grandeza valerosa del ánimo: el duelo a muerte, ley del talión, ojo por ojo, diente por diente, no tan antiguos, aún para nosotros y nuestros libros de lectura. “Una vez cumplida la venganza ya no hay razón para volver a matar”. “Después de matar estoy bien, estoy tranquilo. La costumbre waorani es así.” “Cuando voy a una fiesta, cuento cómo maté a los Taromenani. Así me van a tener admiración y me voy a convertir en un guerrero respetado.”

Desde nuestro lado (fiscalía, gobernación, estado, ciudadanía) ¿Por qué intentar desvanecer, hasta el día de hoy, la evidencia de los hechos llamándolos “presuntos”, “no verificados”, “sin pruebas”, “falta investigar”? ¡Qué tan lejos estamos los unos de los otros en este submundo animal de la irracionalidad, intereses y ambiciones inconfesables! Si además ponemos toda clase de dificultades e impedimentos para evitar la confirmación de la realización de la masacre ¿No la estamos aprobando, haciéndola nuestra en la práctica? Hay un principio de la moral que dice que el fin no justifica los medios. ¿Cuál es el fin? ¿Evitar la posible acusación de etnocidio? ¿Continuar con la política de desarrollo del Estado por la extracción de recursos naturales?

Así dice la Constitución: Art. 57, Lt. 22: “Los territorios de los pueblos en aislamiento voluntario son de posesión ancestral, irreductible e intangible, y en ellos estará vedada a perpetuidad todo tipo de actividad extractiva. El estado adoptará medidas para garantizar sus vidas, hacer respetar su autodeterminación y voluntad de permanecer en aislamiento y precautelar la observancia de sus derechos. La violación de estos derechos constituirá delito de etnocidio, que será tipificado por la ley”.

También dicen las leyes que las personas que realicen actos tendientes a influir, alterar o de cualquier manera cambiar la cultura, forma de vida o identidad de los pueblos no contactados, cometen delito (OIT). Este delito se tipifica como delito de genocidio.

¿Están comprobadas las muertes de Ompure, Buganey y la posterior masacre de Taromenanis?

Todos son hechos evidentes y comprobados. Estoy seguro de que tanto la fiscalía, los militares, el Estado y la ciudadanía vieron las fotos, tenían los datos y escucharon las narraciones de los waorani que ejecutaron la acción, lo dijeron las niñas secuestradas y “existe un video grabado por ellos mismos mientras se interroga y mata a uno de los rehenes”. Lo que no explican son los motivos del ocultamiento o desinformación de tales evidencias a la ciudadanía. En algunos espacios periodísticos se califica esta conducta gubernamental como compleja. Un alto funcionario dijo “No sabemos qué hacer”.

No creo que lo dicho sea cierto, porque vemos lo que hacen: Echar la bola fuera de cancha, distraer, esconder, escamotear a la opinión pública,… y lo han conseguido. Un dicho popular dice: “miente que siempre queda algo”. No se quiere aceptar la condena que hace y les toca de parte de la Constitución que es lo que debían hacer. Actualmente, después de año y medio estamos en lo mismo y “estaremos en lo que estamos”. “la razón de la sinrazón que con la razón se hace, de tal manera mi razón perturba que con razón me quejo de…” como se dice en el Quijote de Cervantes la sinrazón es de alta política. La cita es un piropo a la belleza de Dulcinea del Toboso.

¿Por qué no se investigó?

Todo lo que se ha dicho es más que una pista, es una avenida amplia de datos, testimonios, evidencias. Pocos casos estarán tan documentados desde el principio. Además contamos con la pista dada a la prensa por el fiscal general que afirma que hubo vuelos misteriosos a consecuencia de los cuales se habrían dado algunas muertes de Taromenani por ingestión de alimentos. Después de estos vuelos vino la muerte del matrimonio Ompure y Buganey. Para mi esta es la razón no investigada de la muerte de los ancianos y la consiguiente venganza de sus deudos sobre los Taromenanis. El Sr. Fiscal General del Estado dio esta gran pista de investigación que no se siguió, sino que se silenció. ¿Quién voló y mató primero?

No es tan arriesgado y difícil como se dijo descender desde un helicóptero sobre la selva. Yo he bajado solo y con militares por razones humanitarias dos veces colgado de una soga y he entrado en otra ocasión caminando más de l5 kilómetros por el interior de la selva, en pleno territorio Tagaeri, a rescatar cuerpos lanceados y no pretendo ser un Rambo. Para los militares es una simple rutina. Por eso no les creo cuando dicen que no se puede, que no saben. Estoy seguro que lo hicieron. Sería una injustificable irresponsabilidad profesional por parte de ellos. Los delitos por omisión son de la misma categoría que los de comisión. Más grave que mentir es ocultar la verdad.

¿Quién estaría interesado en ocultar los datos cuando todos lo piden?

Hay gente que ronda en los ministerios, que dicen saberlo todo. Aunque no manejen datos precisos pretenden ser un escudo blindado de protección del gobierno. Esto se ve como una mancha seria, un escándalo. La fiscalía del Coca puede esclarecer el caso y no lo hace, a ellos se les exige responsabilidad y buen juicio. Más bien reaccionan con celo y saña citando a declarar a una multitud variopinta de gente como si fueran forajidos contumaces y mañosos, haciéndolos chismosos. Si quieren comprobarlo traten de revisar el expediente de más de 5.000 páginas. Es para dejar a uno patidifuso. Quieren matar al mensajero aunque lo que odian es el mensaje. ¿Qué es lo que quieren silenciar? Sería la pregunta del millón. En sus oficinas tienen personal Waorani como consultores e informantes permanentes directos, que saben todo y tienen datos de primera mano. Tienen a la Sra. X, la confidente e informante más enredada que ambos fiscales hayan podido encontrar. Además, la fogosa manía persecutoria llena de prejuicios que permea en esos espacios de poder, los muestra más correistas que Correa. Es la intriga palaciana que hace mal a todos. Las cortinas de humo se disipan como llegan. Es difícil cerrarle las puertas a la verdad y tapar el sol con un dedo. La verdad es luminosa como el sol y rodearla de obscuridad es hacerla aún más luminosa.

 

Achakaspi

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