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TAGAERI-TAROMENANI

Se sigue apostando por el petróleo

 

Una carta de fecha reciente:

¿Qué significa una carta así, dirigida al Sr. Vicepresidente de la República, firmada por una waorani que no conoce la escuela? Llama la atención la cordialidad. Como quien discute un negocio petrolero con un socio de absoluta confianza en el preciso espacio y lugar de explotación y genocidio, al año y medio de la masacre ocurrida de Taromenani. Demasiado pronto anestesiamos nuestra memoria histórica y envenenamos el alma con dólares. Todo queda en el olvido ¿El Vice la habrá guardado avergonzado en su elegante maletín negro? Pensamos que se dio la callada por respuesta. Aunque pensemos lo mínimo. ¿Servirá para argumentar que los mismos waoranis están apoyando al gobierno en su empeño decidido de explotar el Campo petrolero Armadillo? En sus cercanías están las casas de los pueblos ocultos muertos a tiros el 24 de Marzo ¿Quedará alguien vivo después de las matanzas selectivas de niños y mujeres? Los sobrevivientes ¿Estarán afilando las lanzas para un ataque sorpresivo de revancha? ¡Miedo! ¿Quién dijo miedo contando con la protección de soldaditos de plomo del batallón del Coca? ¿Un petrolero temblar?

Se ha demostrado que proteger a los taromenanis desde un organismo oficial, como las “Medidas Cautelares”, la Constitución o el MAE; herramientas jurídicas pensadas expresamente para protegerlos, no es tarea fácil: a los funcionarios que osan cumplirlas los echan fuera y les cancelan el trabajo. ¡A la p. calle! … o a algún otro cargo. Los “halcones del petróleo”, los colonos y las políticas de los gobiernos estatal y locales presionan para usurpar cada vez más territorios indígenas. Las contradicciones de la ética del desarrollismo salvaje hace penoso ver a los organismos del Estado enfrentados formalmente entre sí, mientras en medio se juega la suerte de un pueblo de indígenas indefensos. Es como recrear una feria de esclavos del siglo XIX con sus “negreros” fusil en mano.

Es una amarga ironía que una mujer waorani pida al Vicepresidente de la República que se explote el petróleo en el espacio territorial de los pueblos ocultos. Un Taromenani no puede entender por qué se abre una zanja con gigantescos tractores carterpillar, derrumbando árboles centenarios para abrir una carretera en su selva y aquello que era suyo ya no lo es. Los taromenanis atacan para defenderse y defender su territorio que está siendo violado. Atacan porque no han respetado sus letreros de “no traspasen”, escritos por dos lanzas cruzadas en el camino. Ellos necesitan esas tierras para vivir en paz. La única manera de ayudarles es respetando su derecho, protegiéndolos (es el mandato de la Constitución a la nación) no invadiéndolos. ¿Cuántas muertes en nombre del progreso y desarrollo del socialismo del siglo XXI van a costar estas guerras de invasión colonial?

Hay que mandar fuera de su territorio las compañías petroleras indeseables, los ocupantes ilegales y respetar la demarcación de sus tierras intangibles. “Para los Taromenani es mejor que nosostros no existamos”. La experiencia les ha afianzado en el convencimiento de que si no luchan por su territorio, el Estado y los colonos se las van a quitar y si luchan muchos van a morir. No les dan otra alternativa: ni tierra, ni dignidad, ni salud, ni un medioambiente sano… Mientras tanto, de nuestro lado nos encanta llevarles cartones de alimentos chatarra, leyes, dependencia, sumisión, desintegración. Les hacemos pasar del neolítico a la era espacial en cuestión de meses y a esta hazaña le llamamos “civilización”. Solo con un mínimo de sentido común y de respeto a estas comunidades, estaríamos defendiendo una gran diversidad de modos de vida y pensamiento, diferencias genéticas y culturas ancestrales. Este cúmulo de conocimientos venidos desde la noche de los tiempos, nunca había sido tan sistemáticamente amenazado como en los actuales tiempos de explotación petrolera e invasión maderera y colona. El peligro de exterminio no tiene origen en la sucesión de casos naturales (glaciaciones, incendios, guerras, tigres…) sino en la voracidad, y el abuso de un falso discurso ético-humanitario en favor de los pobres del sistema económico vigente. Mientras pasan estas cosas en casa, internacionalmente se arma un escándalo por las pruebas de sangre hechas a algunos waoranis, tomados como conejillos de indias por las mismas petroleras subsidiarias, socias del gobierno. Los Waorani, Tagaeri, Taromenani son una nación en peligro, el último sobreviviente no podrá hablar con nadie. Depositario de una forma de vida extinguida, se llevará a la tumba los secretos y conocimientos de una cultura que había necesitado millones de años para evolucionar y adaptarse, porque el medio en el que vivían habría desaparecido. ¿Cuál es la razón de armar tormentas en un vaso de agua?

¿Los taromenani se mantienen ocultos vigilándolo todo? quieren que nadie entre en su territorio. Nadie. Todos saben que si entran, de un momento a otro puede desencadenarse el ataque y no se quiere dar al mundo otro escándalo. ¡Con lo que nos ayudan al desarrollo nacional las petroleras, se estaría dando una mala imagen si les pasa algo! Por su parte se saben descubiertos en su último refugio. Están ahí aunque no se vean cuerpos desnudos correr entre la maleza y los machetes, cuchillos y chaquira colgados de los árboles, resplandecientes al sol y tintineando al viento permanezcan intocados. Saben que es una invitación al festín de la muerte que les llega como cebo desde el mundo de los blancos. Tienen una larga experiencia de citas parecidas con la muerte, recibidas por esos mismos medios, concretamente por alimentos envenenados o a través de los grandes pájaros de hierro que desde el aire juegan al tiro al blanco con ellos. Millones de años separan esos demonios de muerte inanimados de las sombras indefensas, agazapadas en la penumbra amigable de la espesura, esperando lo peor. ¡Triste destino, por otra parte la de esos hombres libres de la selva que cesaron de adorar a sus espíritus tutelares, porque se han convertido en demonios! 

Por otra parte, si se aceptan esos regalos significa que se empieza a formar parte del mundo mestizo. Ese indígena libre y combativo iniciará un rápido descenso a las cloacas de la civilización. La experiencia nos dice que desde el primer momento que tienen relaciones amistosas con los “caníbales” blancos, toda su agresividad anterior y su desconfianza, se convierten en fascinación hacia el mundo de los nuevos amigos. Quieren verlo, probarlo y quedarse con todo lo que les gusta. ¿Cómo amortiguar el choque brutal que supone el contacto con el universo de los blancos?

“El descubrimiento del petróleo y la consiguiente transformación de la zona ha supuesto para estas tribus la invasión de todos su territorios, reducción de sus dominios a una mínima expresión, ausencia de medios ordinarios de subsistencia como cacería y pesca, paso a una civilización para la que no se les ha preparado. Y en comparación a las pérdidas, son muy pocas las ventajas que hasta el presente les ha ofrecido el petróleo”. (Alejandro Labaka. Crónica Hoaorani, Pag 117)

Pero algunos preguntan “¿Por qué tanto miramiento con esos salvajes? Un buen escarmiento es lo que necesitan”.

 

Achakaspi

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