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No hay plan minero

Políticas de lugar y de identidad

Actualmente no se puede entender un proyecto minero, petrolero o agroindustrial pasando por alto la razón económica y política de los territorios ancestrales y los recursos naturales del medio ambiente, protegidos ambos por la Constitución y sujetos de derechos. Se exige también profundizar en las “r-existencias” de las comunidades que luchan por “reapropiarse” de la naturaleza de la que se les está despojando violentamente. El Estado colonial y las empresas se apropian de estos capitales naturales del ambiente o  pasivos ambientales, presionando fuera del mercado y transformándolos en nuevas oportunidades de millonarios negocios. Al no funcionar el derecho a la consulta previa, libre e informada, el Estado asume gratuitamente la buena voluntad de los pueblos indígenas de colaborar en estos propósitos, cediendo para esas iniciativas sus recursos naturales en favor del mal llamado “desarrollo sostenible”. (manejo empresarial de recursos naturales, pobreza rural, seguridad alimentaria…). Por derecho natural, sin embargo son los que aseguran la autoreferencia cultural de las comunidades y la sostenibilidad de sus ecologías y economías. Esto ha provocado una verdadera crisis civilizatoria de destrucción de valores de vida e identidad cultural y ecológica entre los pueblos indígenas.

La conflictividad y violencia en el mundo minero y extractivo no es algo nuevo. Aunque ahora, al resucitar las viejas políticas coloniales se está haciendo más violenta, a la vez que los pueblos indígenas van crecido en conciencia política y reivindican abiertamente sus derechos. En el Ecuador la explotación petrolera en sus fases de exploración, ha sido muy conflictiva, pero todos los conflictos se han ahogado con represión y promesas económicas, corrupción de comunidades y compra de conciencias que ha terminado por corromper y debilitar su identidad cultural. A esto no se le puede encuadrar dentro de ninguna política de “diálogo petrolero o diálogo comunitario en democracia” como engañosamente lo proclama el departamento de “relaciones comunitarias” que todo lo lava con un baño de dolosa imagen de desarrollo económico y corrupción.

Otro aspecto a tenerse en cuenta es que la conflictividad cultural de las nacionalidades no es la misma. La violencia shuar no es como la conflictividad del Napo. La cultura kichwa puede ser conflictiva, pero no es violenta.  Es la intervención violenta del gobierno la que la hace conflictiva, al reprimir militarmente las protestas por reclamos justos, sin diálogo, imponiendo las condiciones del sistema. En el suroriente el diálogo minero y el mandato 8 eran los espacios para llegar a acuerdos entre los actores, pero el gobierno desperdició el  momento. Pensó en arreglarlo con la artimaña usada con “éxito” en las comunas del napo. El supuesto “diálogo” petrolero se basó en la política del “palo y la zanahoria” de  la revolución ciudadana y su pensamiento único de desarrollo sostenible “pensar globalmente y actuar localmente” que ha dado lugar al disparate de las ciudades y colegios del milenio en Pañacocha, Playas de Cuyabeno y Rocafuerte. La artimaña de satanizar al ecologismo infantil de los pajaritos y los arbolitos del ITT como condición para la erradicación de la pobreza de todo el Ecuador (otro disparate, cada vez hay más pobres) o “ser pobres sentados sobre sacos de oro” (en paraísos fiscales).

Muchos slogans de nuestros gobernantes se fundan en falacias existenciales. La lógica de “nuestro futuro común” funciona como discurso populista, pero no convence en la realidad. Tampoco es muy recomendable el discurso de que todas las diferencias pueden reconciliarse. Es una ilusión que dura más de 500 años y que ha significado el aniquilamiento de las poblaciones indígenas americanas. Lo radicalmente opuesto es intolerable, no puede ser exterminado, pero tampoco debe ser aceptado. En este sentido están apareciendo en las comunidades indígenas conceptos diferentes de políticas de lugar o territorio, entendidos como espacios donde están sus recursos de vida e identidad, la razón de ser como pueblo con sus bases económicas, ecológicas y culturales frente a la lógica de la pura economía, del consumismo voraz y de las ganancias  a cualquier costo que se esfuerza por imponerse como el más alto grado de racionalidad del ser humano.

La política de lo diferente es una política de resistencia a ser impulsada y asimilada por la razón económica y la razón de vida indígena. Por otra parte se está “reinventado” la lucha política por los valores ecológicos ancestrales: “no hay defensa de la selva sin los pueblos de la selva”, “no queremos tierra queremos territorio”, “con títulos o sin títulos estas tierras son nuestras”. Propuestas existenciales que están abriendo nuevos horizontes para la lucha política. Aunque se reivindica el territorio se lo entiende como algo más que un medio económico de producción. Es el territorio como comunidad cultural. La lucha es “por la vida, por la dignidad y por el territorio”. No es por “equalite, liberte, fraternite” que ya no tienen sentido. Sus horizontes se abren al sentido de la vida humana y medio ambiental, a la dignidad de lo que somos, comunidades con sus derechos indígenas y al territorio que, abarcando todo lo anterior, les da unidad, equidad y armonía.  El Papa Francisco se une en oración y grita para que se respeten la dignidad de los pueblos indígenas (julio 2016). “Quiero  hacerme eco y portavoz de los anhelos más profundos de estos pueblos y quiero unir su voz a la mía para que de todo corazón pidamos que sean respetadas estas naciones, amenazadas en su identidad y hasta en su misma existencia humana”

Las políticas empresariales y de excelencia del Estado a nombre de la erradicación de la pobreza han despojado al pueblo amazónico de su identidad cultural, de sus territorios ancestrales, recursos naturales, salud alternativa y educación intercultural. Ha proseguido en la destrucción de sus economías no monetarizadas (trueque), apoyados por la oferta de trabajo y bajos sueldos petroleros o mineros y la inyección estatal de dinero para pobres, el bono de desarrollo humano, ciudades y colegios del milenio,  que expresan dramáticamente la división profunda entre lo civilizatorio y el despilfarro económico y consumista, la acumulación económica de lo innecesario y la virtud de la equidad y la armonía. Las comunidades, despojadas por los actores estatales y empresariales de sus propias capacidades de generar colectivamente bienestar, sumak kawsana, quedan en completo desamparo a merced del capital militarizado.

No es política sana el no contar con canales de conversación con el gobierno o cortar por lo sano las pocas posibilidades de diálogo que se ofrecen. No es sano el vivir en la incertidumbre, la desconfianza y el susto. Al no obtenerse los frutos esperados del buen vivir se genera la violencia ¿Cuáles son los planes o estrategias del gobierno para manejar conflictos? ¿Hay alguna institución pública confiable que pueda dar una solución? ¿Políticamente sus personeros tienen capacidad de decisión o deben esperar el veredicto del Mesías? Los pueblos indígenas son muy sensibles a los territorios ancestrales y a sus recursos naturales, son puntos de conflicto ¿Hay estrategias de manejo de territorios ancestrales?, a parte de la reciente ley de tierras aprobada entre gallos y medias noches.

Las acciones del gobierno para el control y pacificación de los conflictos son contraproducentes e inhumanas. No es una buena la política el enfrentamiento, la división para vencer y debilitar las organizaciones, la compra de conciencias por dinero o cargos oficiales, las filias o las fobias por un grupo o por otro, la distribución humillante de regalías ($40) por el uso de las tierras y recursos en favor de megaproyectos extractivos millonarios. La política de dividir comunidades y organizaciones es el sistema más severo y peligroso de opresión, de restricción de la libertad y de incitación a la violencia, Sus efectos directos son la militarización de la protesta, la judicialización de los reclamos justos tachándolos de terrorismo y sabotaje, el procesamiento y encarcelación de los dirigentes y la represión militar y policial, (esto, más bien es terrorismo de Estado). Por otra parte no se sabe a quién acudir en caso de conflicto o para iniciar un diálogo, pues hay cambios continuos de instituciones y personeros del gobierno que no tienen opinión madura alguna ni capacidad resolutiva. Hay demasiadas instituciones para tan poca institucionalidad y muchas leyes y reglamentos para tan poca regulación.

Las tensiones entre estas políticas represivas y castigadoras que apoyan el avance del capital económico, y la resistencia de las comunidades indígenas que defienden sus economías y derechos humanos y naturales son los espacios donde surgen los grupos violentos de resistencia. La violencia reprimida se ha mantenido callada ante la devastación ecológica enorme que se ha dado en los bloques petroleros, plantaciones y concesiones mineras, sin el goce de ventajas reales actuales ni futuras. Es un espejismo el cerrar los canales de diálogo en los conflictos petrolero y minero y los que vengan… con la academia, las organizaciones indígenas y las ongs de la sociedad civil.

El Papa Francisco lanza un grito de alerta que se levanta ahora de la selva amazónica y nos convoca a defender y a cuidar nuestros territorios

. “Un grito por tantas personas, familias y comunidades que sufren las consecuencias de la explotación”

. “Un grito por la tierra perdida”

. “Un grito por la extracción de riquezas del suelo que no producen ni siquiera para la población local que sigue siendo pobre”

. “Un grito de indignación y de apoyo por las violaciones a los derechos humanos”

. “Un grito de dolor en respuesta a la violencia, amenazas y a la corrupción”

. “Un grito de tristeza e impotencia por la contaminación del agua, aire y suelo de nuestra amazonia petrolera, minera y agroindustrial”

Achakaspi

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10 – 1- 2017

 


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