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VISITA Y CONFIRMACIONES

EN LA RIBERA DEL NAPO

Estos días me encuentro visitando las comunidades de la ribera del Napo, desde Pañacocha hasta Nuevo Rocafuerte.

El día de mi salida, que fue el miércoles 18, escribí estas letras en la canoa que quiero compartirles para expresar mi admiración por todos los misioneros que cada día entregan su vida con gran sacrificio y alegría en nuestro Vicariato:

El paisaje es de un tierno verdor y el hermano Sol nos comienza a acompañar. La Canoa que nos transporta está más llena que el Titanic en su último viaje -según la película-

La ironía es que en la catedral y en nuestras Iglesias nos exige y controla el COE con solo el 30 % del aforo. Lo cierto es que en esta canoa, con capacidad para unas 70 personas en la que deberíamos ir unas 30 personas, estamos 110 viajeros -contando mujeres y niños-.

La gente grita y protesta por el exceso de viajeros, pero un marino se acerca y dice: “el COE pide que tienen que entrar 10 más porque se les acaba de morir un familiar a los 10 nuevos viajeros... y en medio de la pandemia hay algo hermoso -aunque muy peligroso- y algunos dicen: “hay que ayudarles hoy por ti, mañana por mí”.

La travesía ha empezado. Nos esperan 9 horas de canoa o quizá 10, ya que va muy despacio, porque va tan llena que no hay dónde colocar ni un alfiler.

Esto que yo hago 3 ó 4 veces al año, nuestros misioneros del rio lo viven día a día: gozan y sufren con la realidad de nuestros pueblos amazónicos, tan olvidados por las autoridades que los deberían atender.

El milagro en todo esto, es que nos visite o no la señora pandemia, la gente vive y viaja y va feliz y la mayoría sin mascarilla. A veces me lleno de miedo y vienen a mi mente las palabras del Papa Francisco, en la soledad de la Piaza San Pedro en plena pandemia: “No tengan miedo” y “Nadie se salva solo”.

Esta gente, nuestro pueblo y nuestra Iglesia con “rostro amazónico “sólo tiene este momento el cielo y el agua, en una frágil barca repleta, no de peces pero sí de sueños y alegría, de esperanza y muchas ganas de vivir.

Sin duda, nuestro Señor Jesucristo va -despierto o dormido- pero viene presente en los rostros color bronce de nuestra gente amazónica, curtida por el sol y el agua.

Oren por nuestra Iglesia Amazónica y por los 150 jóvenes indígenas que recibirán estos días -con la Unción- de una manera plena al Espíritu Santo que ya habita en la “Querida Amazonía “.

Les pido mis hermanos oren estos días por nuestra Iglesia de Aguarico y, de una manera especial, para que estos jóvenes abran su corazón al Espíritu o como ellos lo llaman “Samay” y que los 4 sueños del Papa Francisco para la Amazonía se haga realidad en nuestra Iglesia y los Pueblos Amazónicos.

Me encomiendo a sus plegarias.

Un abrazo grande.

+ Adalberto Jiménez

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